
El hecho de que Salinger haya demandado a una editorial sueca por pretender editar una segunda parte de The Catcher in the Rye indica dos cosas: que el hombre sigue vivo, y que está lo suficientemente lúcido como para seguir dando caña a quien ose molestarle. 90 años tiene ya el hombre y la duda es: lo que haya escrito en todos estos años de silencio, ¿lo quemará? ¿se publicará? ¿llegará a mis manos?




